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viernes, 18 de octubre de 2013

De tópicos taurómacos




Abordar este tema tan delicado es complejo. Lo es porque defender esta tradición es igual de incomprensible para el detractor como incomprensible es para el que lo defiende la opinión de que la tauromaquia es un vestigio de una cultura que ya no ayuda a la evolución del ser humano. En éste, como en tantos otros aspectos, conseguiremos mucho si todos ejercitamos la empatía con el que piensa lo contrario. Y el respeto es lo primero.

Todo el que me conozca sabe que soy un opositor de la tauromaquia, y los más cercanos a mí saben que cuando en mi vida se cruza la tauromaquia en muchas ocasiones me llego a poner violento por dentro. Sí, esa sensación de ira y de ansiedad es la que siento cuando veo sufrimiento en un animal. No puedo evitar el deseo de venganza del animal hacia su verdugo, y tampoco puedo evitar celebrar el triunfo del toro sobre el torero. Y sé que eso no está bien. Pero hay otra intuición que me hace tener prudencia. Prudencia porque yo realmente creo que una persona cuando hace una cosa puede que crea que está haciendo bien las cosas. Y quiero pensar que el torero y el aficionado al toreo tienen sus razones para formar parte de eso. Hay que empatizar, repito. Me gustaría que un torero hablara conmigo para poder mostrarnos nuestras diferencias acerca de la tauromaquia. Hasta ahora he hablado con aficionados, pero no sé si yo no he sabido tener empatía o realmente la otra persona estaba cegada por el fanatismo, ya que ninguno de los dos nos convencimos de nada nuevo. Me gustaría poder hacer un decálogo de los principales tópicos que emplean los que apoyan la tauromaquia y el lógico rebatimiento de los mismos, porque por más vueltas que le doy, no me queda otra que mantenerme en mis trece.

"La tauromaquia es una tradición ancestral arraigada a nuestra propia identidad cultural" es un recurso que suele estar en boca del que quiere justificar la tauromaquia "porque siempre se ha hecho". Pero hay otra verdad antropológica, que es que en muchos núcleos culturales se ha dominado a los animales por mera demostración de supremacía del hombre respecto a la naturaleza. No hay un móvil de supervivencia, sino un rito que implica el sufrimiento gratuito del animal, con el que la sociedad se reúne, forma parte del espectáculo, se relaciona y lo llama tradición. Lo seguimos viendo hoy en día, y fuera de nuestra cultura. Y nos escandalizamos. ¿O me vas a decir, aficionado a la barbarie taurina, que no te has rasgado las vestiduras cuando has visto imágenes de las masivas matanzas de focas a palos en Alaska, o la de los delfines en Noruega? ¿O acaso ves bien las peleas de perros o de gallos en muchos países latinos? O dime tu opinión acerca del espectáculo que miles de personas podían ver varias veces al día en el gran Circo Romano… Y antes de opinar déjame recordarte que todas esas culturas no tienen menos argumentos que tú cuando aluden a la tradición y al arraigo cultural para defender su causa. Sin embargo hay culturas que han evolucionado y han ido suprimiendo esas alternativas de ocio gracias a una inercia evolutiva. ¡Y nosotros necesitamos inercia!

"Los toros son animales que se matan como se matan cerdos, vacas y pollos para el consumo humano", pero se le olvida al que dice esto que en el caso de los cerdos, vacas y pollos no se vende el sacrificio como si fuera un show que mueve millones de euros. Y también se le olvida que con el beneplácito de la sociedad, el sacrificio de animales está legislado, de forma que en los mataderos se procede a dar muerte al animal de forma lo más rápida, eficaz y respetuosa con la finalidad de que no sufra (otra cosa es cómo en la realidad algunos mataderos se saltan sutilmente esos medios) Yo no me opongo al consumo de vacuno en nuestra sociedad. Me opongo a que previo al sacrificio haya tres días de estrés, horas de angustia y veinte minutos de humillación, sufrimiento y agonía para el animal, y me opongo a que nuestra cultura nos permita disfrutar con ese espectáculo de forma gratuita para nuestra conciencia.

"La tauromaquia es un arte que el antitaurino no entiende". Si de algo estoy harto hoy en día es de que cualquier cosa se puede considerar “arte”. Invito a un aficionado a la tauromaquia a que se venga conmigo al Museo del Objeto Encontrado que tenemos en Cuenca, o que vayamos a Nueva York a ver mierdas dentro de un frasco para que se den cuenta de que eso del arte en muchos casos es demasiado subjetivo. Yo entiendo que un torero tenga que trabajar unos movimientos para conseguir un efecto determinado en el capote cuando el toro embiste. Entiendo que haya analogías con el baile, la danza, el movimiento... Y reconozco que son bellas. Reconozco que se persiga la calidad en los diversos pases taurinos, y valoro la importancia del entorno de la tauromaquia y su influencia en nuestra cultura. Me encantan los pasodobles y las coplas que se han escrito gracias a la tauromaquia. Considero que las artes plásticas han sabido ensalzar la tauromaquia para conseguir obras bellas. Pero fotografías bellas las hay de guerras y de catástrofes, y no justifican las guerras y las catástrofes. En eso consiste en parte el arte, en hacer algo bello que no lo es tanto cuando no se ha manipulado. Se manipula para embellecer. Se crea para obtener algo bello, agradable o sensacional. Pero mi sentido común me hace que la propia tauromaquia no sea una manifestación artística en sí, y no es arte porque se logra a pesar de algo cruel y bárbaro. El fin aquí no justifica los medios. Hay que sacar la balanza nuevamente y sopesar ese fin y esos medios.

Lo que ha conseguido nuestra cultura y nuestra tradición es, en el caso de la tauromaquia, sobrevalorar arriesgadas danzas por encima del sufrimiento de un animal. Mi conciencia me impide disfrutar de esa épica a la que muchos claman, cuando se generan gracias al desesperado embiste de un animal que se quiere defender. ¿Qué precio tiene la dignidad de un animal? ¿15 euros? ¿Y el precio de la dignidad humana? ¿Es acaso el precio la denominación de arte? Barata se vende, pues, nuestra dignidad, cuando hay exposiciones de mierdas enfrascadas.

"El animal no sufre. Su cerebro, por el estrés, segrega endorfinas que le hacen soportar el dolor". Uy, el toro se lo pasa de bien… Decir que el toro no sufre es una afirmación que me pone muy furioso. Es una de las que más furioso me ponen. Lo primero porque es falso. Los veterinarios (taurinos) que así lo crean y lo digan pueden mostrar sus discrepancias con el resto de su comunidad mundial de colegas, los cuales les tratarán, muy posiblemente, como el puñetero clásico cateto estereotipado español de los que muchos creen que en España abundan. Decir que el toro no sufre, y encima darle un cariz técnico y biológico es una temeridad cuando se lo dices a alguien que al menos sepa leer. Pensar que el animal no sufre cuesta mucho creer cuando se mira una corrida de toros, en la que ves como el toro está totalmente fuera de sí, en la que muchas veces, previamente a la muerte, el toro no puede con su alma. Si se arrodilla significa que el toro es un débil y no tiene "honor". Pensar que, después de la estocada fatal, cuando el toro intenta buscar una salida, dándose por vencido, tambaleándose, el toro no sufre, es una falta de respeto a la inteligencia común y a la sensibilidad humana. Lamento si a alguien le falto el respeto. Le suplico que lo piense y lo recapacite.

Lo segundo por lo que me pone furioso esa afirmación es porque, si fuera verdad, estaríamos justificando la tortura de un animal porque “siente menos dolor”. Mi conciencia está sana porque hay un rumor que dice que el toro no sufre, que su fortaleza es tan grande que las puntadas, banderillas y estocadas son ínfimas para el animal, de la misma forma que lo es el fuego en sus cuernos cuando los soltamos por las calles para que unos corran, o apenas sienten dolor cuando los acribillamos con lanzas, dardos o espadas. Hay alguien que dice que no sienten dolor, y eso es justo lo que yo quiero escuchar para justificar mi diversión con la barbarie.

"Si no fuera por la tauromaquia, el toro de lidia se extingue". Me encanta este argumento. ¿Has pensado en dejar en libertad al animal? –No, es que no se puede dejar libre porque requiere de muchos cuidados… -Bien, entonces tú estás manipulando su estado natural. Si el toro no puede mantenerse tal cual lo vemos en la plaza significa que lo estás manipulando. Y lo estás haciendo con la finalidad de darle muerte en el ruedo a través de un agónico espectáculo. El toro no se extinguiría. El toro sería distinto a como lo vemos en la plaza, de la misma forma que la anatomía de los cerdos y los pollos no es la misma en los criaderos que en libertad. Los cerdos y los pollos son más baratos de mantener, y la finalidad de mantenerlos así es para el consumo nuestro, no para vender un espectáculo gracias a su tortura. El toro de lidia es para la lidia, y la lidia no es natural. ¿O tanta es nuestra supremacía que nos creemos creadores de una especie nueva? No señores; nosotros no creamos. Nosotros manipulamos.

"El toro bravo merece vivir y morir como bravo". Y me quedo más ancho que largo. Sí señor. Yo le impongo esa condición. Hubo un momento en el que a alguien se le ocurrió que el toro, como es bravo, tenía que morir sufriendo a manos del hombre. Oye, hay animales más bravos (y más listos) que el toro de lidia. Si lo que queremos es espectáculo, toreemos a un leopardo. Si el bicho tiene hambre yo garantizo que habrá más espectáculo. Lo que pasa es que dudo que en la lucha entre hombre y el leopardo siempre ganen los mismos. ¡Mejor, más diversidad! ¿El leopardo no merece vivir y morir como bravo? ¿Todo lo que sea bravo merece morir torturado? Creo que no se torean leopardos, leones, orcas o tiburones porque son algo más difíciles de engañar que a los toros. ¿Cómo merecemos vivir y morir nosotros? Yo creo que, al menos, con un poquito más de dignidad.

"El toro vive muy bien y está muy bien cuidado", y yo no lo discuto. ¿Se cuida tanto al toro por amor al toro o por darle emoción al espectáculo de su tortura? Porque ese argumento se echa por tierra si la finalidad no es amar al toro. El toro tiene que llegar fuerte a su "espectáculo", y poco a poco se evoluciona artificialmente a la raza para conseguir la máxima intensidad durante 15 minutos de tortura. –No, si el ganadero ama al toro, y lo cría como si fuera parte de su vida. –Ah, pues yo pienso que existe un conflicto emocional en esa persona, cuando permite que "el amor de su vida" sea torturado y asesinado con sufrimiento para el deleite de una masa que mira. De verdad que es incomprensible esa forma de amar al animal. ¿O no estará el fanatismo detrás de ese impulso amoroso? ¿Se cuidaría tanto a los animales si no hubiera detrás un interés económico tan grande que lo mantuviese? Evidentemente no, por lo que esa épica del ganadero carece de sentido.

"Toda la comunidad taurina muestra respeto y admiración por el toro, y hay una mayoría ecologista entre los que se consideran taurinos", pero eso es algo incomprensible para el que no es taurino, ya que hay una gran contradicción. El taurino considera una excepción del ecologismo la tauromaquia, porque en su argumentario pesa más la romántica idea preconcebida de la lidia que la defensa de los animales. Se nos inyecta la nobleza del toro como un adalid de la épica; historia con la que cubrimos de seda cual arlequín (a mis ojos, claro) un acontecimiento igual de ridículo como vergonzoso. Creamos un ritual y nos atrevemos a otorgarle un manual de buena praxis que corre de generación en generación, y que sirve para determinar si es buen arte o no templar, mandar o burlar al toro. Se valen de una vieja fórmula para obtener el éxito, y es precisamente el ridículo evidente de algo que es secundario para esconder el ridículo de otra cosa que no interesa ridiculizar. Por eso el torero va vestido como un maricón disfrazado de mal gusto, y por disfrazar, hasta disfraza sus armas con colorines que se clavan en el lomo del toro como si fueran flores. Maldita hipocresía… Vender su virilidad dentro de la plaza para conseguirla fuera… Ay, las coplas… tan hermosas como absurdas son muchas de sus letras. ¡Antoñita Moreno… Qué tienen tus ojos que me enamoran! Pues mierdas en un frasco.

Como dije antes; que se pregunten los taurinos acerca de otras manifestaciones de otras culturas que impliquen sufrimiento gratuito de algún animal. Vamos a ver; ¡si nosotros mismos hemos abolido la tradición de tirar cabras por los campanarios...! Oiga, y también era una tradición ancestral cuyos argumentos también eran históricos, culturales y humanísticos. Pero nuestro sentido común ha seguido una tendencia respetuosa con los animales, y algo que hace 25 años era algo normal, ahora lo vemos como algo bárbaro. ¿Qué diferencia puede haber? Sí, una corrida de toros tiene más pompa y más parafernalia. Pero ello lo hemos impuesto nosotros. Nosotros hemos impuesto una falsa "lucha" entre el toro y el hombre que yo no sé a qué se debe. Nosotros hemos obligado al toro a luchar en nuestra casa, empleando herramientas de tortura y emulando un cara a cara que es real cuando el hombre va ganando al toro, pero que enseguida se prostituye cuando las cosas van mal; te escondes en el burladero, te socorren… Si de verdad existiese esa lucha entre el toro y el hombre, enfréntate a él en igualdad de condiciones. No hagas trampas. No lo marees antes ni lo aturdas. No te rodees de una masa que te alienta. No emplees armas ni fabriques escondrijos. Deja que otros toros contemplen la pelea. Lucha en el campo abierto. No. No conviene, porque si el toro tuviera raciocinio enseguida se daría cuenta de que realmente eres un cobarde. Bueno, qué digo; si el toro tuviera raciocinio se daría media vuelta porque no tendría necesidad de luchar contigo. Y es más; el toro, sin tener raciocinio, se daría la media vuelta para no luchar contra ti si pudiera. Pero no le dejas. Lo vuelves bravo y lo obligas a luchar. En el ruedo simplemente se defiende de tu ataque. Tú dices que es una lucha entre dos. El toro no dice nada, pero probablemente piense que no tiene necesidad de enfrentarse a ti. Ignorante. Cobarde.

"La tauromaquia cuenta con el apoyo de la mayoría de la sociedad". ¿Estáis seguros? Que en los Sanfermines la ciudad se llene de gente ¿significa que apoyen la tauromaquia? Siempre he criticado a la gente que encuentra fiesta y diversión sin reparar en qué es lo que genera esa fiesta. Es una carencia que tenemos mucha gente. La tauromaquia se vale de estas fiestas para engordar sus estadísticas y defender su causa. Pero si de verdad tuviéramos verdadera conciencia de que eso es así, trataríamos de buscar la fiesta y la diversión donde la finalidad no entre en conflicto con nuestros principios, pienso. ¿Realmente no se nota una decadencia en el público que va a las corridas de toros? Y eso que se están reduciendo los importes de las entradas… ¿Realmente existe una demanda real de telespectadores como para que televisen los toros? No. No existe. Y precisamente se rebajan los precios de las entradas y se televisan los toros para regenerar un apoyo a la tauromaquia que se está perdiendo. La gente somos cada vez más independientes en algunos aspectos, y eso no le interesa a una gran parte de los que tienen el poder. A ellos les interesa mantener la tauromaquia, a pesar del sufrimiento de los animales.

"La tauromaquia mantiene un importante sector económico y laboral". Eso sí es cierto, pero ¿es razón como para mantener algo cruel? Es decir: si yo monto una parafernalia para despellejar perros vivos y conscientes, y soy capaz de crear un vínculo en la sociedad alrededor del despelleje tal que la sociedad obtenga diversión y esparcimiento, y encima creo muchos puestos de empleo, ¿me legitima para desarrollar la "despellejemaquia"? ¿Crees que es necesaria la tauromaquia en la sociedad que se divierte tirándose tomates? Igual de absurdo me parece, pero el tomate no sufre, ni con ello se enriquecen los cuatro gatos de siempre. Abramos los ojos.

Intentemos transformar la tauromaquia y vamos a emplear los recursos para algo bueno. Es decir: el dueño de la plaza de toros puede aprovechar el espacio para crear cines, salas de conciertos o teatros, espacios de los cuales carecemos. Los apoderados taurinos se pueden convertir en promotores culturales. Que no sufran por su virilidad; el resto del mundo funciona así. Y en muchos sitios la virilidad va ligada al éxito personal y profesional, no a la sangre fría para torturar y matar animales. Eso era antes, cuando hacíamos fuego con dos piedras. Que no tema el mundo de la tauromaquia en conocer algo más allá de la tauromaquia. Hay alternativas. Y ¿sabéis qué? Hay millones de jóvenes esperando esas alternativas. En vuestras manos está dar ese paso evolutivo. Haced sentir orgulloso a Darwin. ¿Lo podemos, al menos, valorar y recapacitar? ¿A que no tenéis huevos?


miércoles, 25 de julio de 2012

La actitud del buen cristiano


Pues claro que los que formamos parte de la Iglesia deberíamos dar ejemplo. Muchas veces me incomoda más el cómo que el mensaje que la gente quiere dar a entender en diversos campos, y pienso en si esa misma sensación también la tienen hacia mí los que no comparten mis ideas y mis principios. Si bien es verdad que está a la orden del día vocear, descalificar, quedar por encima de los demás... también es verdad que muchas veces no está claro lo que es el bien, cómo se llega a él o cómo nos deberíamos comportar cuando lo practicamos. Soy consciente de que en el caso de la Iglesia lo que más incomoda (a algunos, claro) no es el mensaje que se nos quiere hacer llegar. Ni siquiera creo que incomodan las obras que lleva a cabo la Iglesia. Cierto es que sí que hay gente, colectivos u organismos a los que sí que les gustaría que la Iglesia abandonase su misión. Pero lo que más le incomoda a algún sector de la gente que descalifica no es el mensaje, como digo, sino la actitud, el comportamiento, la forma de llevarlo a cabo, tanto de los responsables de la Iglesia como de los que la integramos, y eso nos lleva a una reflexión.

Los que estamos atentos a las palabras de los curas estamos hartos de escuchar cómo debemos hacer las cosas para hacer el bien y llevar a cabo la palabra de Cristo. Los curas nos dicen que tenemos que compartir, que tenemos que ejercer la caridad, que tenemos que llevar la paz al mundo empezando por los que nos rodean. Nos dicen que tenemos que practicar el perdón de forma tan natural que ni nos demos cuenta de que estamos perdonando. Nos dicen muchas cosas que si las cumpliéramos conseguiríamos poder ver la paz entre todos los hombres. Sería maravilloso. El problema está en que los que nos consideramos católicos muchas veces creemos que somos buenas personas porque estamos de acuerdo con esas palabras, no porque las apliquemos, y ese es el primer error. La paz no se consigue escuchando a la gente hablar de paz y asintiendo. La paz se consigue trabajando, día a día, pensando en cada momento que tenemos que ser consecuentes con aquello con lo que estamos de acuerdo, con los valores de los que probablemente presumimos. No es fácil, claro que no. No es fácil cuando ello requiere que nuestra actitud no sea igual a quien tenemos delante, ni nuestra forma de hablar, ni nuestra forma de mirar, ni siquiera nuestra forma de percibir los estímulos de nuestros sentidos. No es fácil tener templanza con quien nos provoca contínuamente, ni con el vecino que nos pone verdes cada día, ni con quien inyecta la política en nuestras diferencias y crea problemas. No, no es fácil ser buena persona ante estos baches. Ser buena persona se consigue interiorizando cada mensaje, proyectando hacia el futuro la felicidad que se tiene cuando se hacen las cosas bien, estimulando la conciencia. Ser buena persona es no saber que se es buena persona, y no decir que no lo eres, porque la humildad es desconocer tu pobreza, y no el hecho de saber encontrar las palabras  precisas para poder convencerte o convencer a los demás de que eres pobre. Perseguir la compasión y el reconocimiento de los demás ante todo no es una actitud cristiana.

Si le preguntamos a uno de tantos decepcionados con la Iglesia que por qué guardan con cierto desprecio a nuestra comunidad, es muy posible que te respondan que lo que más les repele es que mucha gente va a misa y comulga para tranquilizar su alma y su conciencia, pero luego "en la calle" no son un ejemplo en absoluto de aquello de que presumen. El error del decepcionado es juzgar a los demás, sí, pero los que formamos parte de la comunidad cristiana también tenemos errores. Si obtienes un beneficio ético de la Iglesia, debes ignorar lo que hagan los demás cristianos o si son buenos o malos. Pero por otro lado también es cierto que la Iglesia es comunidad, y necesitamos de esta comunidad para compartir y crecer. Si no estás a gusto con la gente que acude a tu iglesia, pues sentirás que los bancos del templo te son cada vez más incómodos. Eso es una realidad, y la verdad es que es un dilema. Es un dilema porque realmente el que va a la iglesia lo hace porque su corazón está necesitado. Dentro de nuestra imperfección necesitamos de la comunidad para tener el aliento de los demás y sentir que no estamos sólos. Necesitamos ver cómo los demás tropiezan para empatizar con ellos. Ahora bien: a la iglesia no va uno a calentar el asiento. Debemos empezar a tomar que está mal el hecho de ir a la Iglesia sólamente para estar de acuerdo con las palabras que allí se dicen. Un tipo se sube a un escalón y nos habla de perdón, pero mientras guardamos rencor al que tenemos sentado detrás de nosotros. Asentimos con la cabeza y nos decimos: "qué bueno que soy, que sé lo importante que es perdonar..." Por poner otro ejemplo; se nos dice que es mejor para nuestro espíritu dar limosna anónimamente (...que tu mano izquierda no se entere de lo que hace tu mano derecha...) pero realmente me gusta y disfruto sabiendo que el pobre al que le doy limosna ve que YO le he dado esa limosna, y no sólo eso, sino que encima quiero que vea mi cara de seguridad, de satisfacción, de comprensión. Limosna en forma de monedas, cuando el necesitado pagaría con esas mismas monedas por tener 5 minutos de conversación con alguien, reir o contar sus problemas. Pero no, mi dádiva es económica. Doy lo mínimo para decirle a mi conciencia que se calle de una vez; doy dinero. Y encima, para constatar mi supremacía sobre el mendigo le aconsejo que no se lo gaste en droga. Yo no tengo ningún problema y desde mi privilegiada situación puedo aconsejar en qué se tiene que gastar el mendigo MI limosna. Puedo llegar a ser más hipócrita aún y huir de él, con la autocomplacencia de no haberle dado dinero porque creo que probablemente se lo gastaría en drogas. No se, creo que muchos cristianos debemos aprender a dar limosna.



Mayor delito (o no) tienen quienes son los responsables de esta ética, los pastores que nos deben indicar no sólo con palabras, sino con hechos, el camino hacia la plena felicidad. Y haberlos haylos, y de todos los rangos. El verano pasado, en la JMJ tuve la tremenda suerte de asistir a unas catequesis que impartían unos obispos. A nuestro grupo nos tocaron tres obispos. Me emocioné como nunca me he emocionado (hasta el punto que quise estar sólo toda la tarde después de la catequesis para masticar sus palabras) con el obispo de la Diócesis de Oviedo, el monseñor Sanz Montes (franciscano tenía que ser...) Se ciñó con una elegante dialéctica al panorama actual de nuestra sociedad. No sólo me impresionó cómo este obispo tenía los pies en la tierra, sino que encima caminaba igual que caminaría cualquier cristiano, independientemente de su posición en la Iglesia. Abordó con humilde seguridad aquellos temas que nos trajo, y contestó a nuestras dudas con una actitud de afinidad e implicación alucinantes. En cambio, el obispo de Córdoba, de cuyo nombre no me acuerdo (Demetrio no se cuántos) no sabía dar una respuesta a lo que los jóvenes le preguntábamos. Le lanzábamos nuestras inquietudes, y este obispo respondía con una seguridad aplastante cosas que no tenían que ver con nada que no fuera lo que él había dogmatizado para sí mismo, su verdad, con una convicción y firmeza apabullantes. Los temas que este obispo trató junto a nosotros fueron la homosexualidad y el sexo (con una auditoría plagada de teenagers y acné, pues era de esperar) Su opinión acerca de ello poco tenía que ver con lo que en el Youcat se reflejaba (el cual estábamos leyendo simultáneamente muchos de nosotros), y más bien nada tenía que ver con lo que la corriente más realista y racional de la Iglesia piensa sobre ello. Ni la homosexualidad ni el placer del sexo se deberían asumir como lo más normal del mundo, pero tampoco como la mayor de las aberraciones que un ser humano puediera cometer. Tomarlo como ésto último es comprensible si procede del típico cura de la posguerra, con su túnica negra de paño y su sombrero bien calzao (dicho sea de paso que no pongo en tela de juicio muchísimos valores que existían hace 50 años y que desgraciadamente se han ido perdiendo) pero es que entonces las circunstancias eran otras. En cambio la Iglesia evoluciona. Los pensamientos erróneos sobre tantísimos aspectos de nuestro entorno también. Ni la práctica del sexo ni la homosexualidad son malas si no se convierten en vicio, de la misma forma que ocurre con el hecho de comer (que se convierte en gula cuando se hace viciosamente),  o la pereza (hecho de sobredosificar el descanso) Hablar de estos temas es controvertido, pero la Iglesia lo tiene que hacer; es su deber. El Vaticano se puede equivocar, que a nadie se le olvide, pero ya irá evolucionando para ir prudentemente encajando en la sociedad, marcándonos el camino de baldosas amarillas. Ahora se nos indican desde el Vaticano las directrices morales acerca de los temas de actualidad, y a nuestras diócesis llegan las instrucciones de cómo abordarlas. Los ministros de la Iglesia no pueden saltarse esas pautas e intepretarlas como les de la gana. De aquellas catequesis me vine muy reconfortado. Estoy muy emocionado y muy esperanzado al comprobar cómo y cuánto se ha despertado en el obispo de nuestra diócesis, el monseñor Yanguas, el espíritu de la juventud. Estoy seguro de que, si alguien pudiera percibir su discurso como algo rancio y excesivamente profundo, ahora, con la misma profundidad su mensaje entra como el agua, claro y fluído, y creo que gran parte de la culpa la tiene el gran esfuerzo que está haciendo para acercarse al mayor tesoro que tiene la Iglesia; su juventud. Estoy muy orgulloso de nuestro obispo Jose María Yanguas.
La Iglesia, afortunadamente se ha vuelto muy prudente con el tema del sexo o la homosexualidad. Ahora no se demoniza con estos temas porque ya se ha evidenciado que, por ejemplo, el sexo puede complementar la relación de una pareja, e incluso le puede aportar más plenitud y entereza, siempre y cuando no se convierta en vicio o en algo vanal, o se cree una dependencia que degrade la condición ética de cada uno. Con el tema de la homosexualidad todavía hay algo de ambigüedad en los propios responsables mayores de la Iglesia. El éxito principal en este caso radica en que se ha apartado aquel pensamiento de que la homosexualidad es un comportamiento demoníaco, cuyo ejercicio  degrada al indivíduo. Este éxito que la Iglesia está consiguiendo se echa por tierra cuando alguien con autoridad se lo salta, se retrae en el tiempo y lo convierte en algo intolerable, y encima lo hace con unas formas que repelen al ya de por sí un poco desencantado con la Iglesia. Automáticamente ello pasa a ser una bomba contra nuestra propia comunidad: "la Iglesia es homófoba" No sólo pasa esto con los aspectos que he puesto antes, sino con los que tratan acerca de la política, las demás religiones o el ejercicio de las virtudes. Es a través de éstas como realmente se completa la razón de ser de un cristiano. Nuestros obispos y sacerdotes deben adaptar su discurso no para que los cristianos afirmemos, estemos de acuerdo, aplaudamos o admiremos la oratoria de este responsable, sino para convencer, para despertar en el que posiblemente esté equivocado la inquietud por conocer la verdad. Enseñar, educar, evangelizar, ayudar, vivir o aprender resultan más fáciles si se ejerce la humildad, la paciencia, la castidad, la generosidad, la diligencia, la templanza y la caridad. Ser feliz es más sencillo mediante el modelo franciscano, y lo más mágico de esto es que es contagioso. Empezar a ser mejor persona entra por los ojos. Ser buen cristiano creo que no es una disciplina. Pienso que ser un buen cristiano es una actitud.


miércoles, 11 de abril de 2012

La Memoria Histórica Unipolar

En diversos medios se denuncian lo que se cree que es dañino para una sociedad. Si leemos la prensa veremos que ABC ve como un parásito de España a la República y lo que le rodea (la idea de República que hay en España, claro, que dista años luz de lo que significa una República en el resto del mundo moderno) Si leemos El País, serían las reminiscencias franquistas. En El Mundo lo peor de la sociedad son las armas, y en la Razón lo son las dudas que quedan del 11M, el pseudosocialismo o los sindicatos. Si vemos la tele, veremos que para Intereconomía el mayor enemigo de la sociedad son los perroflautas. Si vemos Televisión Española, lo peor es la televisión privada. Si ya preguntamos a la gente, hay tantísimas opiniones que posiblemente haya una que afirme que lo peor de la sociedad seas tú.

Hablando con mucha gente sale el tema de la dichosa "Memoria Histórica". Dichosa memoria... Comentaba con un amigo que la importancia que le han quitado los verdaderos protagonistas de la peor etapa de nuestra España moderna, se la han concedido los tan mencionados en mi blog "resentidetes" con el sistema del Universo. Pues sí, así lo creo. Si un éxito se puede destacar de aquella ácida etapa, fue el magnífico pacto no escrito que nuestros abuelos hicieron para no alentar el odio que ahora tenemos. Quiero que quede claro que yo no digo que se haya olvidado; digo que se quiso dejar aquello a merced del viento para que el sentimiento de odio que se generó en esos malditos años fuese dispersado por el tiempo. Nuestros abuelos murieron con esa tranquilidad. Pero no. Esclavos de las modas, volvemos a arrodillarnos ante los que les gustan los catálogos, desplazando a la gente, como si fueran prendas de ropa, hacia el mostrador de tal color o tal otro, si tus padres piensan así, si tu fe es esta u otra, si tus hábitos son estos, si vistes así o asao o si en tu blog escribes ciertas cosas. El caso es catalogar. Malditos catálogos... Los jóvenes somos muy vulnerables a los catálogos, ¿no os dáis cuenta, insensatos resentidos? ¿No te das cuenta, Llamazares de turno, Zapatero de los huevos, Willy Tolerdo, que estáis despertando una inquietud en los vulnerables que realmente no existe? ¿Por qué jugáis con el dolor de los que han perdido a sus padres o hermanos, para cicatrizar una herida que sólo existe en vuestra imaginación? Sí, en vuestra imaginación, porque la herida que queréis curar no es la que decís (recuperar la dignidad de los muertos del Franquismo) No. La herida que queréis curar es la de sentiros perdedores. Sí, os sentís perdedores de una guerra que no habéis conocido. Y sí, existe en vuestra imaginación porque no os podéis ni imaginar (ni yo) el dolor que pululaba en el ambiente de aquella contienda. ¿Muertos en el Franquismo? No me hagáis reir... ¿Insinuáis que el dolor tenía sólo un color? ¿Acaso pretendéis crear el bando de "los buenos"? ¿Realmente creéis que en España tuvimos lo que en Alemania? Lección de historia nº1: En Alemania hubo un loco (bando de los malos) que, fruto de un hechizo demoníaco (o algo así debió ser) se empeñó en aniquilar a 2 millones de personas por su raza (bando de los buenos), escribiendo el peor episodio de la historia de la humanidad. En España hubo un loco (bando de los malos) que fruto de la situación política, llevó a cabo una sublevación militar contra una mierda de república (bando de los malos) lo que condujo a una guerra que acabó con un circo y dió comienzo a otro que duró 40 años (libre interpretación a qué circo era menos malo) Se mataron a buenos y malos, pero alentados por malos y malos, no por buenos y malos. Esa es la herida auténtica que tiene España, no unos pocos españoles. Una herida tan dolorosa que los realmente protagonistas quisieron hacer propia y llevársela a la tumba. A unos pocos esa herida les escuece. Aún hay mucha gente que tiene a sus antepasados en fosas comunes, desperdigados por la geografía española. A esos familiares la herida de sus padres y abuelos les escuece, y es normal. Bueno, pues he aquí otra de las muchas consumaciones de la hipocresía que tan a la orden del día, desafortunadamente, nos tienen acostumbrados los fenómenos de la manipulación; pomada para unos pocos. Se de lo que hablo. Pomada en forma de ley cuya receta sólamente se otorga a quien enarbole una bandera que representa a uno de los bandos malos (sí, de los malos, no pongáis esa cara de sorprendidos) Alivio para los que nadie les replica, cuyo objetivo no es aliviar, sino hipnotizar a quienes vendan su sensibilidad a cambio de un rédito político. ¿Es capaz de recordar esa "memoria" a los oprimidos por la República de igual forma que recuerdan a los que han sido oprimidos por Franco?
¿Tiene alcance ese "recuerdo" para los curas, seminaristas, monjas, religiosos o católicos asesinados por su fe? Recuerdo que ellos no tienen hijos que vayan a por la "receta". ¿Tiene ojos la paranoia zapateril para recordar lo que pasó un mes de diciembre de 1978? Parece ser que no. Me da a mí que esa "memoria unipolar" va dirigida a una juventud que no piensa, que crece cuando la riegas con el agua del resentimiento, que se hace más fuerte si la sacas a Sol, que le encanta la fotosíntesis, sobre todo cuando las fotos sintetizan conceptos tan antiguos como "la lucha de clases", "el obrero contra el patrón", "arriba la revolución", "el cáncer capitalista", "juventudes anarquistas" o "juventudes comunistas", las cuales tienen lógica en manifestaciones amenizadas con el Himno de Riego, A las Barricadas o La Internacional.

Pues para mí la "Memoria Historica" hace daño a la sociedad. La daña porque su esencia es otra muy diferente a su apariencia. Esa memoria nos arrastra hacia un pasado que bien poco desearían los que precisamente lo vivieron. Esa memoria cataloga, y sirve para que los ignorantes engañados se conviertan en catalogadores. Esa memoria envenena la memoria, nos impide caminar. Nos nubla los ojos, nos crea nuevas heridas, no alivia. Como una gangrena, se extiende a los demás miembros. Se transmite a la religión, a la sociedad, a las nuevas generaciones. Crea tabús y sepulta la lógica. Pobres manifestantes... en vez de arreglar y luchar por el presente redecoran el pasado para diseñar el futuro. Y encima se sienten orgullosos... Qué le vamos a hacer...

jueves, 22 de marzo de 2012

Nacer porque está cerrada la farmacia

La triste realidad de nuestra conciencia pasa por negar aquello que no somos capaces de ver. Ello tiene una curiosa simetría con la ausencia de fe de esta nueva sociedad. Saturados de información, tanto de la que necesitamos como, sobre todo, de la que no necesitamos, apartamos de la mesa aquello que no percibimos con los sentidos, es decir, lo que no es material. Si a esto le sumamos la tremenda manipulación de muchos medios, organismos y fenómenos afines, sobre todo, a la juventud, nos encontramos que algo que nos confirma la misma ciencia (la que sí que sólamente se basa al 100% en lo que se puede percibir por los sentidos) también es reducido a cenizas.

He hablado con mucha gente que justifica el aborto y ninguno es capaz de defender el argumento (también llamado "excusa") que toma para ello, de manera que topicazos como  "todavía no es persona", "no ha desarrollado aún los sentidos" o "la madre decide" se van al garete con réplicas como "cuándo se empieza a ser persona", "¿tienen derecho a la vida los sordos, mudos, deficientes o parapléjicos?" o "yo soy hijo de mi madre, ¿le da derecho ahora a matarme?" Basta de hipocresía, hombre. Cada una de esas excusas sirven para despistar aún más a los que aún están en la escuela, los que están aprendiendo. Si un profesor expone a sus alumnos el dilema de si una violación puede servir como excusa para abortar, se está planteando realmente la posibilidad de valerse de una desgracia para justificar un delito. Para empezar, la inmensísima mayoría de los abortos cometidos en nuestro país no provienen de violaciones, por tanto aparquemos absurdos supuestos que no sirven para nada. Lo segundo, hay que hacer hincapié en que si una violación supone un trauma (un penoso trauma que conlleva una penosa consecuencia) optar por el aborto carece de sentido puesto que es un asesinato que agravaría la ya de por sí traumática violación. Alguien me podría plantear lo siguiente: "claro, como no te ha pasado a tí... Me gustaría verte en la situación de la mujer que ha sido violada..." Pues no debe ser fácil ponerse en esa situación. Es fácil que una mujer vea en ello una salida evidente y rápida, pero hay que ser cauto, puesto que también sabemos que si alguien, por ejemplo, cometiese un crímen contra algún miembro de nuestra familia, nuestra reacción sería la venganza, aún sabiendo que nuestra ley no nos lo permite, aún sabiendo que matar a un asesino no lleva a ningún sitio (por ello en los países más civilizados se ha abolido la pena de muerte) En frío todo el mundo condenamos la pena de muerte. Todos consideramos un país como digno y civilizado si no tiene en sus códigos penales la muerte como pago a un delito. Por ello, pues, no nos confundamos al creer que se puede disolver el dolor (o incluso aliviar) de una violación cometiendo un asesinato, porque lo que ocurre siempre es que el dolor se duplica. No sólo lo dicen los profesionales de la psicología; lo dicen las víctimas.

Llevando la polémica a algo más cercano que una violación, escuchamos el clásico "la madre es libre para decidir", la típica coletilla del que quiere formar parte del rebaño progresista, el que priva precisamente de libertad a aquel que ya ha empezado a vivir. Recordemos que la ciencia fija el inicio de un ser humano en el momento en el que se crea una nueva cadena genética que se corresponde con una de la especie "humana", es decir, desde el mismo punto de la concepción, en el cual, fruto de la unión de dos células se genera una nueva con un nuevo ADN. Ese es el punto desde el cual la ley debería proteger la vida humana (ya lo hace, por ejemplo, para proteger la vida de muchos animales, como por ejemplo, el lince ibérico, ¿os acordáis?) Si preguntamos a un católico (o a cualquiera que tenga una forma de pensar un poco más profunda y extraterrenal) por el momento en el que una persona adquiere su condición humana, probablemente te responda que una persona lo es desde el momento en el que existe en la mente de sus padres. La única legislación que regularía entonces la vida sería el sentido común y la propia condición ética del indivíduo. Tanto si queremos ser amparados por una ley o por otra, la afirmación de que la madre es libre para decidir sobre la vida de su hijo la podríamos extrapolar y veríamos el dislate que sería decir que cualquier madre puede matar a sus hijos o nietos por el mero hecho de que son su "propiedad". Así de crudo, así de absurdo y así de claro. Pero somos tan pseudomaterialistas que optamos, sin ser capaces de decirlo, por defender el aborto en los casos de embarazos de menos de 14 semanas porque lo que hay dentro aún no se parece a nada, porque nuestra conciencia aún no le pone cara a la criatura y porque siento el respaldo de muchos millones de personas que piensan como yo. Un cigoto no es un ser humano porque aún YO no le he asignado sentimientos. No es un ser humano porque no me lo imagino. No es un ser humano porque es tan pequeño que yo no podría verlo. No es un ser humano porque hay una caterva de presumidos sabelotodos que afirman que no lo es. Dicha afirmación aliña la incomodidad que me causaría ser madre o padre tan jóven, o sin dinero o sin esperanzas. No debe ser tan malo cuando hay tanta gente que piensa que estar embarazada es tener un ser "no vivo" en  el seno de una. Mal de muchos, consuelo de tontos.

El colmo de esta hipocresía tiene forma de píldora. La misma que se receta por televisión o por internet, la que toman los enfermos de moral, el placebo de la indiferencia. De una persona que no muestra respeto por sí misma ni por su integridad como persona se puede esperar que no lo muestre por otra, aunque ésta se aletargue en su seno. Así pues, argumentos como la dificultad económica, las penurias que atraviesa la sociedad o afirmar que por el hecho de ser un hijo "no deseado" se convertirá en un hijo "no querido" sirven de catapulta que llevará a la desafortunada (afortunada para muchos, no desesperemos) a una farmacia para sepultar un poquito más de esta dignidad que tanto ridiculiza Wyoming. Sería, pues, un fracaso para nuestra sociedad tener entre nosotros a una persona que haya nacido porque todas las farmacias estaban cerradas.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El octavo pecado capital, la Vergüenza

Se trata del profundo sentimiento que  experimento al comprobar en mi alrededor lo tremendamente alérgicos que somos a nuestra cultura. Me conmueve ver la falta de respeto a nuestras tradiciones, los atentados a nuestras costumbres y el doble rasero de nuestra "lógica" con la  que medimos su fundamento.
Debo decir que no quiero convertir mi blog en un cubo de basura donde vierto mis preocupaciones y mis desagrados con la sociedad. Lo que pasa es que uno de los motivos que tuve para crear mi blog fue mi indignación con muchos aspectos de mi entorno, y quizás me estoy liberando de ellos demasiado rápido.
Siento indignación cuando me doy cuenta de que los españoles, o ciertos españoles, mejor dicho, estamos adquiriendo malas costumbres. Precisamente una de esas malas costumbres es rehuir de las costumbres, valga la redundancia, de tantas y tantas tradiciones que son emblemas de nuestra cultura. Nos encontramos con que la gente, presumiendo de una laicidad desmesurada (como si España siempre hubiera sido laica, no legislativamente, sino culturalmente...) se escandaliza cuando se pone un Belén en el pasillo de un colegio. Asociaciones de padres desencantados, en uno de tantos arrebatos de protección de sus hijos (protección ante el peligroso y dañino Belén) se enfrentan a su pasado, el cual, en la mayoría de los casos quieren rescatar de las cenizas, pero, eso sí, sólo para unos pocos. Señores: esta tradición de poner el Belén trasciende a lo religioso. Me parece muy bien que se luche en contra de la tauromaquia, porque es manifiesto el daño que se causa a los animales (poco a poco, todo tiene su cauce) Vale, perfecto. Pero que alguien me diga si hay algún niño que pueda estar en peligro poniendo un Belén en el colegio, en las calles o en los comercios. Por favor, hay aquí abajo una casilla de comentarios donde todo el mundo puede dejar su opinión (sin tener que registrarse, por cierto) Que alguien me diga por qué cree que los belenes tienen que ser retirados de los colegios. Mejor dicho. Que alguien me diga por qué se tiene que retirar todo lo que huela a Cristo de nuestra educación. Los belenes son una tradición que está arraigada a nuestra cultura con la suficiente ancestralidad como para que se considere una hermosa costumbre popular nuestra. Pero la laicitis pseudocognitiva a la que, invidentes nosotros, nos zambuyimos sin mirar antes al fondo, nos empuja a dar un puñetazo encima de la mesa y derribar ovejas, pastores, ángeles y lavanderas, a Magos con camellos que se dirigen a honrar a un Niño y a su Sagrada Familia, y ya de paso derribar también a esa Sagrada Familia ¿Os dais cuenta del tremendo error en el que nos sumergimos? ¿Os dais cuenta del caos al que nos dirigimos si tenemos que legislar todas nuestras tradiciones, o definir tan escrupulosamente, negro sobre blanco, cualquier tipo de relación entre nuestro lenguaje, nuestras costumbres, nuestro día a día, y lo "correcto"?
No hay que creer en Cristo, o no hay que estar de acuerdo con el Vaticano para dejarse invadir por un sentimiento cuyo origen radica en la creencia de que el nacimiento de un niño va a ayudar a traer la paz al mundo. Si está mal imponer el Cristianismo, ¿también está mal imponer el laicismo? O mejor dicho, ¿un laicismo radical? Es sólo un ejemplo. Definamos, pues, lo que es laicidad. Según nuestras enciclopedias, "laicismo" significa la separación de una confesión religiosa de la organización de una sociedad. No he visto ninguna definición que diga que laicismo es oponerse a la religión, desear que se cierren las iglesias, exigir que los curas empleen guantes de látex para dar la comunión, suprimir imágenes cristianas de las calles, incentivar el tabú "Cristo" en nuestra educación, evitar que 2 millones de jóvenes se junten a rezar, reír y compartir, y tampoco conozco ningún país laico que comparta la idea de laicismo que hay en nuestro país (excepto Francia, cuya amiga mía asegura que a los funcionarios públicos les obligan a ocultar símbolos religiosos cuando trabajan, como una cruz colgada de una cadena. Bochornoso)
También siento vergüenza cuando veo al sector que presume llamarse "progre" sentir aprensión por ser español. Nunca he visto como ahora a tanta gente a la que le gustaría no serlo. Huyen de la bandera española, huyen de nuestro sistema político, huyen del pueblo, de la ciudad. Huyen de la familia, se avergüenzan de sus lazos familiares, y usar costumbres de antaño es visto como algo entre lo morboso y lo absurdo. No es moderno ir a misa, ni tampoco lo es cantar villancicos. Joaquín Sabina, el más progresista de entre los progresistas dice en una de sus canciones que "el portal de Belén es un zulo virtual, donde en vez de turrón se come un marrón [...]" y eso es ser moderno. La gente adopta esa actitud, se mira al espejo y se dice "...pero qué moderno que soy, qué moderna es mi actitud, qué genuina es mi forma de pensar, qué integrado estoy en la sociedad progresista que piensa mucho y conoce tantísimas cosas, y qué poca fe tengo en lo que no puedo ver ni comprobar. Me voy a Sol a quejarme de algo y así entro en contacto con el resto de mis amigos progresistas, nos regocijamos de lo modernos que somos, fumamos tabaco de liar (dentro de poco dejará de ser moderno porque ya hay mucha gente que fuma tabaco de liar), nos enrollamos con alguien que también sea moderno, republicano, a ser posible, aunque no sepa por qué, y hablamos de irnos en verano a Senegal con una ONG, porque allí hay muchos pobres y necesitan que modernos de un país donde no hay pobres (al menos materialmente) vayan a enseñarles a ponerse un condón y a hablarles de lo malas que son las multinacionales, nos hacemos fotos impactantes con nuestra réflex Canon 60D y las publicamos en nuestro blog de denuncia social mediante nuestro Mac Book. Si pueden salir niños pequeños en las fotos mejor, o militares, o ruinas con un galgo desenfocado, que es muy moderno (la foto inclinada, eso sí)" Siento vergüenza, lo reconozco.
Se prohibe piropear a las chicas, mucho más en el trabajo. En el Congreso existen traductores para todas las lenguas de España porque muchos diputados no quieren hablar español porque no se sienten españoles. Me da vergüenza. Algunos que se hacen llamar "políticos" (por cierto, cobran por ello) pretenden cambiar la historia. Alientan el odio entre las personas por su condición religiosa, por sus tendencias políticas y hasta por la forma de vestir. La gente muerde el anzuelo y sigue a rajatabla esas pautas disuasorias, esas semilla envenenada que germina en la gente fértil y frágil y no en las manos del sembrador. Vocear y quejarse por todo es deporte nacional. La gente propone cosas que se oponen con lo que tienen, pero cuando se aplican las cosas que proponen se protesta, la gente emite juicios (casi siempre de la misma forma que yo, desde las redes sociales y el blog, internet, en general) y se culpabiliza a todo aquel que lleve corbata.
La gente se alimenta de los tópicos, de los rumores del falso periodismo y de las imposiciones que marcan los tipos que tienen el don de la palabra. La Navidad se celebra sólo una vez al año, y una vez al año debemos salir a la calle sin coches porque es "el día sin coches". Existe un "Día para la Mujer Trabajadora", un "Día para los Abuelos", un "Día de la Inmigración" y un "Día sin Tabaco", pero no existe un "Día sin Gilipollas", o un "Día del Sentido Común", o un "Día de Pensar" (bueno, existe una jornada de reflexión cada cuatro años, pero sólo sirve para ir a la Puerta del Sol a ligar) Si en algún rincón de internet salta una noticia que dice que ha habido un abuso de un cura, automáticamente se pone en movimiento un espectacular despliegue de maniobras de difusión que bien tiene la finalidad de desairar y desacreditar a la Iglesia más que la intención de conocer la verdad. Tanto es así que nunca se presta atención a las resoluciones judiciales, que en la inmensa mayoría de los casos se desestiman por falta de pruebas, por demostración de infamias o sencillamente por, en muchos casos, no existir ni siquiera el caso. Donald H. Steier es un periodista americano que ha elaborado un vasto informe de investigación en el cual se prueba la falsedad de las acusaciones que se vierten sobre la Iglesia. Pero el de la Canon y el Mac Book no conoce, no sabe, ignora. Todo el mundo nos creemos conocedores de la verdad, enterados de la vanguardia porque leemos. No es culto el que lee mucho, sino el que lee de todo. Así nos va...